Los Tres

Un afiche con tres surfistas de caricatura yendo a la playa apareció en los muros santiaguinos de 1988. En la universidad decían que un grupo de Concepción llamado Los Tres estaba tocando rockabilly al modo de los Stray Cats en Matucana 19. El grupo era capaz de más cosas inéditas: invitados alguna vez a un programa juvenil del canal once en que no se podía tocar en vivo, pasaron de fondo un caset de los Woodentops como propio y tocaron encima sus instrumentos sin enchufar. Difícilmente los Woodentops hayan vuelto a sonar en la TV chilena desde entonces.

Ese grupo de Concepción está tocando gratis esta tarde de 1989 ó 1990 en un escenario armado en la Plaza Almagro, mientras unos vecinos traen sus sillas de playa y sus nietos juegan con tierra a la hora de la puesta de sol. En el rock chileno es la época de un dark trasnochado y de una resaca del pop de los ’80 dedicada a un pobre funky sin sabor.

Este grupo, en cambio, parece no tocar notas de memoria, sino jugar dentro del compás y las armonías, como en la vieja escuela. Pancho Molina toca rock como un baterista de jazz, Roberto Lindl se da el lujo de pulsar un contrabajo y el grupo escribe inauditas canciones melancólicas con guitarras sin efectos que pronto serán oídas en un primer disco destinado a liderar el ranking college, si en Chile tan sólo hubiera radios college, con títulos como Flores secas, Pájaros de fuego o Un amor violento.

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